Las Letras de Marchat
Red Marchat.org

En este lugar de Marchat, amigos mios, alimenten su alma, sus sueños, y sanen sus pesares;
Y Compártelo con los demás, que sienten como tú.

1er. Concurso Literario "Las Letras de Marchat" Sábado 1 de Marzo 2014

©2011 - 2014 - Marchat.net - Grupo Marchat.org - By: Caperuza^
Caperuza^
           Pepito era un tiburón de la familia del gran tiburón blanco, los más grandes de los mares, y reconocidos por feroces y peligrosos, a esta familia pertenecía Pepito, lo que lo hacía ser muy orgulloso, pero Pepito tenía un pequeño problema. Pepito sólo media 32 centímetros, sí, era tan pequeño como una sardina, por lo que era el blanco de todas las bromas y burlas en la escuela, aunque en su casa era muy querido por sus padres y hermanos, sólo bastaba que Pepito pusiera un pie fuera de su casa para que el mar se le viniera encima.
            La escuela era como todas las escuelas del mar, grande y con muchas salas y alumnos, Pepito era ya conocido por casi todos, sobre todo por las bromas que le hacía Thor, quien era el tiburón más grande de todos, incluso que los profesores y padres, enorme y poderoso era Thor, lo que lo hacía ser admirado y temido por todos, y su blanco preferido para sus bromas era Pepito, ya que, con un suave movimiento de su aleta Pepito salía disparado lejos, rodando por la arena del fondo y golpeándose con las piedras o algas.
           Ese día llegó Pepito a la escuela, como cada día, alegre y pensando como ocultarse de Thor para que no le hiciera bromas, cosa que intentaba todos los días, pero pocas veces tenía éxito, pero ese día lo tendría y estaba contento por eso. Cuando iba cruzando la puerta se topó con Roxana, una hermosa tiburona, la más linda de la escuela, él sabía que por su tamaño ella ni lo veía, pero ese día, justo en la puerta, Roxana le dijo -hola Pepito, ¿cómo estás?- él quedo sorprendido, y le respondió con voz temblorosa -hola- sin saber que más decir, además que tiritaba entero, era Roxana quien le saludaba, la más hermosa tiburona del mar; ella le sonrió dulcemente y siguió su camino. Pepito no podía borrar la sonrisa que iluminó su rostro, ese día sería mágico para él y no olvidaría jamás, Roxana lo saludó, y sabía su nombre.
          El profesor comenzó la clase hablando de las corrientes y los cambios que provocaban en ellas los huracanes, lo bueno de algunos cambios, para mejorar la caza de los tiburones y lo peligroso que podrían ser si no se tomaban correctamente. Así continuó la clase hasta que sonó la campana de recreo. Pepito sacó de su mochila un sándwich de atún que su mamá le había preparado, se fue hasta el último rincón de la escuela donde no le buscaría Thor, ya que en los recreos a él le gustaba pasearse por los patios para que las tiburonas lo vieran pasar y suspiraran por él.
          Cada mascada que daba a su sándwich le sabia más delicioso, tenía un sabor especial ese día porque lo había saludado Roxana, por su mente aún pasaba su mirada, su sonrisa cuando le saludó, la forma de mover sus aletas al ir a su clase, no había día más maravilloso que ese, Roxana lo saludó a él, y eso lo hacía ser el tiburón más poderoso de todo el mar. Absorto en ese pensamiento Pepito oyó la campana para volver a clases, y como pensaba en esos ojos y sonrisa, no se dió cuenta el camino que tomó y de golpe se topó con él, con Thor, frente a frente; volvió de golpe a la realidad, y a la más cruel realidad y escuchó rugir la voz a Thor mirándolo a él -juguemos ping pong Pepin- soltando una enorme carcajada que hizo sacudir toda el agua. Antes que Pepito se pudiera girar y huir, sintió la pesada aleta de Thor en su hombro, y lo tomaba para lanzarlo aguas arriba y al caer lo golpeó con su aleta fuerte en dirección a Tomás, el amigo de Thor, otro tiburón grande, aunque no tanto como Thor, pero inmenso comparado con Pepito, y Tomás golpeó a Pepito con fuerza para devolver donde Thor, y Thor lo volvió a golpear en dirección de Tomás, y así sucesivamente, mientras se reían muy fuerte, y los otros alumnos había hecho un círculo en torno a ellos y todos se reían de la suerte de Pepito, al verse convertido en pelota de ping pong. De pronto Pepito vio que entre la multitud que reía estaba ella, Roxana, riendo como los demás, riéndose de él, y eso fue como una daga clavada en su corazón; entonces Pepito aprovecho el golpe fuerte de Tomás e hizo un movimiento extraño con sus aletas que le dieron más impulso y fuerza, y pasó por sobre la cabeza de Thor, y nadó y nadó con toda su fuerza, lo más rápido posible, huyendo de Thor y Tomás, escondiéndose por entre las rocas y algas, nadando sin parar escapó de la escuela y siguió, sin detenerse, hasta llegar a su casa. Cuando entro en su casa se dirigió directo a su cuarto, saco el bolso grande y su mochila grande y los cargó con su ropa y elementos de aseo, había tomado una decisión irrevocable, sentía mucha pena de haberla tomado, pero sabía que si quería salir feliz era lo único que podía hacer. Su vida estaba marcada por su tamaño y él no cabía en ese mar de gigantes del mar.
           Pepito cerró la puerta de su cuarto y fue hasta la cocina, donde estaba su mamá, la abrazo muy fuerte y le dió un largo beso y le dijo -mamita yo sé que no te gustará lo que voy a hacer, pero debes entender que es por mi bien- la mamá lo miro extrañada y pregunto -¿Pepito que vas a hacer niño? no me asustes por favor- -mamá debo alejarme de aquí porque por mi tamaño siempre seré burla de todos y así jamás seré feliz. Nunca los olvidare y siempre los amaré, pero perdónenme ahora, es algo que debo hacer- la mamá lo miró con los ojos llenos de lagrimas y lo entendió, sin decir nada, ella lo abrazó y le dió un fuerte beso diciéndole -cuídate amor mío y no nos olvides jamás-. Dicho esto Pepito salió por la puerta y su mamá se quedo asomada mirándolo hasta que se perdió.
            Pepito había sido muy aplicado en las clases de marióloga por lo que no le costó nada ubicarse y saber dónde dirigirse, el iría hasta los corales, un lugar lejano, pero no mucho, sin embargo no era visitado por los tiburones debido que su fondo era muy alto y nadar por ahí significaba hacerse daño en el estomago, así que sería el lugar más seguro, y por sobre todo, el más alejado de Thor. Encontró un lindo coral, muy colorido y que estaba desocupado, lo limpio bien, arrastro algunas rocas que le servirían de mesa y asientos, puso unas conchas de lámparas y las fotos de sus papas como cuadros. Se acomodó muy bien en ese lugar y el vecindario se veía tranquilo, muy colorido y con aguas cálidas; entre los corales podía encontrar mucho alimento, así que estaba feliz en ese lugar.
            Paso el tiempo y Pepito estaba muy a gusto en su nuevo hogar, aunque en las noches extrañaba a sus papás, ya se había acostumbrado a ese nuevo lugar. Tenía varios amigos, entre ellos un pez rayado que era muy bueno para hacer bromas, sobre todo a Beatriz, una almeja a la que le gustaba mucho comer gusanitos, y rayitas la engañaba con tubos de algas, los que hacía mover como si fueran gusanitos y Beatriz los tomaba en un rápido movimiento, pero al mascarlos se daba cuenta que era algo y los escupía muy enojada, y rayitas se revolcaba de la risa; además ahora rayitas se sentía mucho más valiente por era amigo de un tiburón, que aunque fuera pequeñito, era igual un tiburón con todo y dentadura de tiburón. Y así pasaban los días de Pepito, riendo con rayitas y compartiendo con sus otros amigos, recolectando su alimento y ordenando su casita, todos los días igual, pero feliz él, sin tener que ocultarse ni ser objeto de bromas y risas de los demás.
           Un día, que parecía ser igual a los demás, algo llamó la atención de Pepito, una sombra extraña cruzó por el mar de coral, de inmediato pensó en el monstruo hombre, él sabía que el monstruo hombre vivía en la tierra y todos los habitantes del planeta mar le temían, porque el monstruo hombre lo destruía todo, incluso se destruían entre ellos mismos, y usaban extrañas máquinas por donde iban sobre el mar y lanzaban cosas para atrapar a los seres marinos y hacerlos desaparecer, o tiraban cosas que explosaban para destruir a otros monstruos humanos y con eso destruían todo lo que había bajo el mar, pero como esos monstruos humanos eran malos, no les importaba. Así que Pepito fue en busca de esa sombra para ver si eran los monstruos humanos y así avisar a sus amigos y a los demás seres del mar de coral para que se protegieran.
            Cuando Pepito vio la sombra otra vez le pareció familiar, y se fue acercando con mucho cuidado, ocultándose entre los corales, de pronto oyó algo muy extraño, era como un gemido, pero ronco, como un llanto apagado, como si alguien llorara y se tapara la boca para no ser oído, Pepito se acerco más y más, guiado por ese extraño ruido, y cuando ya estuvo muy cerca de ese sonido, movió unas algas y lo vio, era él, pero no podía ser, como él podría estar ahí, y llorando además, porque el sonido que oía era llanto, un llanto muy amargo y conmovedor, pero como él podía llorar, ¿por qué razón él podría llorar? Tomando valor de lo más profundo de él decidió acercarse y preguntar qué pasaba.
             -Hola Thor ¿cómo estás?- pregunto Pepito, temblando de miedo, Thor se giró y al ver a Pepito sus ojos se hicieron más grandes, pero de inmediato giró su rostro para que no viera sus lagrimas, Pepito se acercó más a Thor y quiso poner su aleta en el hombro de él, en señal de apoyo, pero no se atrevió, por miedo, -¿qué te pasa Thor, te puedo ayudar?- -que me vas a ayudar tú enano- respondió Thor con su gruesa voz, pero no pudo seguir porque el llanto se lo impedía. Pepito dió un paso más y con la voz más calmada, sin demostrar el miedo que sentía, le hablo a Thor -Thor yo sé que soy muy pequeño para ti y que por esa razón mis palabras no signifiquen nada para ti, pero las palabras son para oír no para demostrar fuerza, y si bien yo no te puedo ayudar en cosas de fuerza, a lo mejor una palabra mía te puede ayudar a salir de la pena que tienes- Thor se giró y lo miró de arriba abajo, lo pequeñito que era Pepito, y le dijo -es que no me puedes ayudar, nadie me puede ayudar- -pero dime que te ocurre, nadie más lo sabrá yo no voy donde vives y nadie de allá viene acá, así que estará seguro lo que me digas- esas palabras hicieron pensar a Thor, ya que tenía razón Pepito, y podría desahogar esa pena que tanto lo afligía.
           -Lo que pasa pepito es que estoy enamorado de una tiburona, pero ella no me quiere a mí, y nada de lo que haga le gusta- Thor se giró arrastrando una aleta, mientras seguía con su desahogo con Pepito -yo a ella le amado siempre, desde que la conocí y todas las cosas que hacía era por llamar su atención, pero a ella nada le importaba y sólo me daba su desprecio- Thor se sentó en una roca, y echando un gran suspiro al mar, dijo -el que ella no me quiera me tiene así, ya no aguanto más el dolor- Pepito lo miró y de inmediato pensó en Roxana, la tiburona más hermosa del mar, ella debía ser el amor de Thor, y sintió que su corazón se le apretaba, porque su consciencia le decía que debía ayudar a Thor, aunque eso significaba que él tendría entre sus brazos a Roxana, pero Pepito recordó una vieja frase que alguna vez leyó, “el que ama de verdad es feliz con la felicidad del ser amado aunque no sea a su lado”, y dijo -es Roxana tu amor ¿verdad?- Thor lo miró y arrugo su frente con evidente signo de extrañeza y dijo -¿Roxana? ¿de dónde sacaste que es Roxana?- -para nada es Roxana, ella sólo es una amiga y sé que ella está enamorada de otro tiburón que se fue de nuestro mar- Thor tomó agua y con energía, pero al mismo tiempo con dulzor dijo -yo amo a Isabel, ella es mi amor, es a ella a quien yo siempre he amado y amaré- Pepito lanzó un suspiro de alivio, y sintió a su corazón reír, aunque le quedó girando la duda de quién sería ese amor de Roxana que se fue de su mar, él no recordaba a nadie que se hubiera ido antes que él, pero bueno, eso lo vería después ahora es el tiempo de ayudar a Thor. -Thor yo creo que para llegar al corazón de Isabel debes actuar todo lo contrario de como actuabas- Pepito empezó a caminar de lado a lado como si fuera un profesor -a las tiburonas le gustan los tiburones fuertes, pero que no demuestren que lo son, que sean dulces, pero no empalagosos y por sobre todo, que las hagan reír, pero no riéndose de los demás- Pepito se veía como un experto en el tema, y más con su caminar de lado a lado, y lo seguro de sus palabras -y lo más importante Thor es que debes demostrar lo que sientes, eso es lo principal, y se demuestra el amor haciendo cosas con amor, dando amor a todos, aún a los que no te quieran, porque es fácil amar a los que te quieren, pero los tiburones de verdad aman a los que nos los quieren y así son grandes y queridos por todos-. Pepito terminó sus palabras y ya sin miedo, puso su aleta en el hombro de Thor y le dijo -eso es lo que te puedo decir, amigo, espero te ayude en algo- Thor no dijo nada, pero miró profundamente a Pepito, y en silencio lo abrazó, lo abrazó con mucha fuerza, pero al mismo tiempo con mucho amor, con mucho cariño, y lloró en el hombro de pepito y le dijo -perdóname Pepito por todo el daño que te hice  , lo hice por fanfarrón, pero jamás pensé que en tu pequeño cuerpecito había tan enorme corazón, desde hoy serás mi mejor amigo y al que protegeré siempre, con amor- -ahora quiero que vuelvas conmigo, Pepito, para que todos vean que cambie, y que eres mi amigo, y que Isabel vea que puedo ser el tiburón que ella puede querer- Pepito quedó helado, volver a casa, volver con sus papas, a quienes tanto extraña, ver Roxana otra vez y averiguar quién es ese amor que se fue, eran muchas emociones, pero también debía pensar a quienes iba a dejar, a rayitas y sus otros amigos, pero no estaría tan lejos y los podría ir a visitar así que dijo -vamosle amigo Thor, vamos a demostrar lo gran tiburón que eres, amigo-.
            Cuando llegaron Pepito con Thor se armó un gran revuelo, los papás de Pepito salieron corriendo a abrazarlo, la mamá lo lleno de besos, mojándole el rostro con sus lagrimas de alegría, el papá le dio un fuerte abrazo y un beso, y se escuchaban gritos y hurras por todos lados. De pronto, entre tantos tiburones reunidos, Pepito vio a Roxana que lo miraba, él sintió que sus mejillas se ponían rojas como manzanas, y ella se le acerco y le dijo -que alegría volverte a ver Pepito- y le dio un suave beso en la mejilla, él no supo que decir y sólo le sonrió, Isabel se acerco a los dos nuevos amigos y le dijo a Pepito -bienvenido de nuevo a tu casa Pepito- y le dio un besito en la mejilla y mirando Thor se le acerco y le dijo -no sabes lo feliz que me haces verte llegar acompañado por Pepito, eso me demuestra que eres un gran tiburón ¿quieres ir mañana a mi casa a tomar el té?
Ese día termino muy tarde en el mar de los tiburones, la felicidad del reencuentro, la felicidad de ver al nuevo Thor, la felicidad del amor había llegado a ese mar y ya no se volvería a ir.
            Y así paso el tiempo, Pepito volvía cada vez que podía a visitar a sus amigos del mar de coral, pero no iba solo, iba acompañado por su amor, su novia, Roxana, porque el amor de Roxana era Pepito, que un día se fue y no lo volvió a ver, y ella jamás le dijo nada porque pensaba que ella no le gustaba a Pepito, y él no le dijo nada a ella porque se sentía muy pequeño para ella. Pero el tamaño, cuando se tiene un gran corazón, cuando se ama de verdad, no importa, y aún el más fuerte y seguro puede aprender del más débil y torpe, porque en la vida de todo hay y lo que se ve no siempre es lo que se ve, a veces hay que mirar más allá para ver lo que realmente hay.

                                                                                                                                              Seudónimo: Nerub

Pepito el tiburón

Cuentos Participantes

chat con radio, poemas, poesía, amigos, musica canciones
chat con radio online, música, canciones, poesía, poemas, amigos
chat online con radio, poemas, poesía

La familia flonderola

                                                                                      Prólogo.
            Todo ocurrió en el hermoso campo de girasoles, en un costado se encontraba un árbol enorme y muy frondoso el cual estaba lleno de panales de abejas.
            En cada panal vivía una familia, pero existía una familia muy particular, la familia Flonderola.
Esta familia contaba con mamá, papá, tres hermosas hijas, un hijo varón, ósea un abejorro, y tres pequeñas abejitas que eran hijitos de dos de las abejas hijas.
           Doña Pita, la mamá reina, era una abejita gritona, mandona y de carácter fuerte. Pero era el pilar de su familia, siempre preocupada por cuidar a sus abejas. No era una abejita muy cariñosa. Pocas veces besaba o abrazaba a alguien más; era muy despistada y tenía un gran problema con la orientación. Si le decían "derecha", volaba a la izquierda, y si le decían "izquierda", volaba a la derecha. Pero los insectos que la conocían sabían que Doña Pita simplemente era así, era una abeja noble y con un gran corazón.
          Don Calin Flonderola, el abejorro jefe de familia, era a diferencia de Doña Pita, cariñoso y amoroso con sus abejitas y su abejorro. Eran sus "chiquitas" y su "muchachito", como él les decía amorosamente.  Él se caracterizaba por ser un abejorro trabajador, muy inteligente y sobre todo siempre pendiente de darle apoyo incondicional a toda su familia. Tenía un carácter algo amargo, es decir, reía poco y no solía hacer bromas, pero cuando las hacía nadie reía porque dudaban si era en serio o no. Pero igualmente que Doña Pita, era noble, tierno y muy amoroso a su singular manera, porque al mismo tiempo era rudo y firme de carácter.
           Anuxca, la abeja mayor, tenía dos pequeños, una abejita llamada Analú y un abejorro llamado Jisi Gabriel. Ella ya no vivía con el abejorro papá de su abejitas. Como dice la canción de Crí-Crí "es la reina, la reina por bonita y un jicote aguamielero, no cuadra con su amor". Así que lo mandó rezumbando a su maguey.
          Anuxca vivía preocupada por no tener el polen necesario para sus abejitas. Era gritona y mandona, pero sobre todo era una buena hija y hermana. Cuando podía ayudaba a Doña Pita, claro que eso no le quitaba el hecho de ser una abeja floja.
Yayis, la abeja de en medio no ayudaba mucho de casi ninguna forma, y no porque no quisiera, si no porque por desgracia sus alitas estaban al revés y no podía volar; así que ella pasaba todo el tiempo sentadita en una sillita de hojas secas con semillas a los lados para trasladarse por todo el panal. En el fondo, ella era la abeja mas libre de todas, porque en su imaginación volaba tan alto que sus alas no le importaban. Eso sí, tenía un carácter terrible, se enojaba fácil y gritaba mucho. Pero era una abejita con buenos sentimientos y muy noble.
           Carlinga, la abeja mas pequeña, era independiente y muy trabajadora, y era la mamá de la abejita más pequeña de toda la familia Flonderola, una abejita bebé de nueve meses llamada Dania, la bebé más linda de todos los panales cercanos.
Carlinga era la abeja más despistada de la familia, bueno, sólo un poquito más que Doña Pita, todo pareciera que de ella lo heredó. No olvidaba su cabeza porque la tenía siempre pegada al cuerpo. Tenía un carácter muy especial pero era una abeja tierna e igual que todas las abejas de esta familia era noble.
          Por último y no menos importante, estaba Gabriel, el abejorro más pequeño. Él era un joven muy activo, siempre tenía algo en mente, un poco holgazán pero cuando podía apoyar y ayudar lo hacia. Era un abejorro de carácter difícil, todo le molestaba, pero dentro de todo lo malo, era muy simpático y defensor de todas las abejas cercanas a él. Aunque lo desordenado y holgazán nadie se lo negaba.  En estos momentos Gabriel estaba muy enamorado de Laurita, una linda abejita de un panal cercano. Además de que pronto se convertiría en un abejorro universitario.  Pobre Doña Pita, batallaba con todos, pero a final de cuentas todos heredaron el carácter de de ella.

                                                                            CAPÍTULO I
           Todo era muy tranquilo en el campo de girasoles, las abejitas rezumbando iban de un lado a otro. Pero para la familia Flonderola eran tiempos difíciles.
           Don Calin tenía problemas para conseguir trabajo, pues ya era un abejorro de edad avanzada y los abejorros jóvenes acaparaban todo el campo de girasoles. Es como si los demás trataran de evitar contratar a los abejorros grandes, como si su experiencia y sus ganas aún de trabajar por su familia no importaran. Además, en esos momentos una fuerte plaga estaba matando a los girasoles, dejando menos lugar para el trabajo de todos los abejorros del lugar.
Doña Pita estaba muy angustiada, pues ella todos los días veía cómo se agotaba la comida. Sus hijas no podían ayudarla mucho, Anuxca, estaba igual que Doña Pita con muchos problemas; Carlinga, tenía que salir adelante con Dania y no podía ayudar como quiciera.
            Doña Pita veía cómo en el mercado de insectos todo estaba cada día más caro. Una mañana, regresaba del mercado con su canasta, iba volando bajo y pensando en todos sus problemas. Debajo de ella vio a Doña Wuachi, su vecina. Era una catarina que vivía en la parte baja del árbol, donde estaban todos los panales.
            Doña Pita vio a Doña Wuachi y bajó a conversar con ella.
           -¡Buenos días, Doña Wuachi!- saludó Doña Pita.
           -Buenos días, Doña Pita, ¿cómo esta?
           -Mal Doña Wuachi. Esta situación de que todo está caro, me tiene muy preocupada. Luego Don Calin que no encuentra trabajo, y la vida está muy difícil ahora. ¡Luego la plaga que afecta el campo de girasoles! Me pregunto una y otra vez "¿y mis abejitas?"- Lo que no sabía Doña Pita, era que mientras le contaba, Doña Wuachi pensaba en una solución.
            -Creo tener una respuesta Doña Pita. Fíjese que he escuchado que en el bosque encantado vive la bruja azul. Todo el mundo dice que es buena y que es la única que puede terminar con la plaga. Si la plaga termina, habrá mas empleo y Don Calin tendrá trabajo, ¿no lo cree?- terminó Doña Wuachi.
            -Suena interesante, creo que tendré que ir a buscar a la bruja, esta situación me angustia demasiado- dijo Doña Pita ilusionada.
            -¡Vayamos juntas Doña Pita! Hoy es miércoles, esperemos al viernes y vayamos. Entre las dos podemos hablar con la bruja y convencerla para que nos ayude.- Le dijo Doña Wuachi.
            -Buena idea, dentro de poco todos los problemas de este campo de girasoles desaparecerán. Todo será tan lindo como antes, Don Calin tendrá trabajo, como tantos abejorros. Habrá mucho polen y con ello el mercado de insectos bajará sus precios.- Contestó Doña Pita con una gran sonrisa.
           -¡Perfecto, Doña Pita!, el viernes por la mañana iré a buscarla a su panal para ir al bosque encantado.- confirmó Doña Wuachi segura del plan.
           -Muy bien Doña Wuachi, el viernes por la mañana la espero. Ojalá este viaje no sea muy largo, no quiero dejar a Yayis mucho tiempo solita.
           -No Doña Pita, será cosa de un día se lo aseguro- le tranquilizándola.
Se despidieron y Doña Pita ya estaba ansiosa por que llegara el día de ir a buscar a la bruja azul. Se sentía como cuando era niña y le decían que en unos días le darían un regalo. Sólo pensaba en hacer un bien para su familia y para todos los del campo de girasoles.
           Ya en casa, Doña Pita le contó a Yayis todo lo que platicó con Doña Wuachi. Ya se le "quemaban las alas" por volar al bosque encantado. Como se diría de quien no puede soportar esperar mucho tiempo.
Ala mañana siguiente Doña Pita ya no aguantó más, habló con Yayis, le pidió que se cuidara y le encargó decirle a los demás a dónde se dirigía. No podía esperar al viernes para ir con Doña Wuachi. Tomó unos cuantos panecillos de miel y salió rezumbando del panal.
           Pensando que sería un viaje corto. No se imaginaba todos los tropezones y aventuras que viviría. Así fue como se encamino rumbo al bosque encantado.
           No era muy largo el camino. Le tomó tres horas de vuelo, pero no descansó; tenía tanta prisa por llegar, que el cansancio de sus alitas no le importaba.
          Por fin, frente a ella se encontraba el extraño bosque. Era frío y con poca luz, pero eso no detuvo a Doña Pita. Estaba decidida a encontrar a la bruja azul y pedir su ayuda.
           Entró al bosque y a lo lejos vio un árbol caminar. Lo peculiar no era que caminara, sino que tenía una larga nariz como la de pinocho. Doña Pita voló hacia él y se paró justo entre sus ojos, en la punta de su larga nariz.
            De pronto el árbol veía fijamente a Doña Pita y ella a él.
           -Hola señor árbol, me llamo Doña Pita. ¿Y usted?- Le dijo.
           -Hola Doña Pita, me llamo Junco. Soy uno de los árboles más viejos de este bosque- le explicó con voz amable.
           -Mucho gusto Junco.
           -Dígame Doña Pita, ¿qué le trae a este bosque?- preguntó Junco.
           -Mira Junco, estoy buscando a la bruja azul. ¿Tú sabes en dónde la puedo encontrar?- Le explicó Doña Pita.
           -Si Doña Pita, yo todo lo sé.- Le dijo el árbol.
           -¡Magnífico Junco! ¡Dime!- exclamó muy emocionada Doña Pita.
           -Claro, le diré, pero siga mis instrucciones al pie de la letra, así no se perderá.
           -Muy bien, te escucho Junco.
           -Mire Doña Pita, tiene que volar hacia su derecha y llegará a un río de piedras plateadas. Cruza el río y verá mucha luz, y de los árboles racimos de flores en oro. Eso le indicará que ya está en la parte del bosque donde vive la bruja azul. Sólo tendrá que llamarla por su nombre.- Le dijo Junco.
           -Muy bien Junco, sólo tengo una duda, ¿cómo se llama la bruja azul?- le preguntó Doña Pita.
           -Ella se llama Isatis (Flor nativa del Mediterráneo y Asia central). Cuando llegue a la parte del bosque donde las flores son de oro, grite su nombre y ella acudirá a su llamado.- Le aclaró Junco.
           -Muchas gracias Junco.
           -Doña Pita, ¿podría decirme para qué quiere ver a la bruja azul?- Le preguntó Junco, extrañado.
           -Mira Junco, vengo del campo de los girasoles. Una plaga muy fuerte está terminando con la vida de los girasoles y por consiguiente con el trabajo de los abejorros. Escuché que la bruja azul puede terminar con esa plaga y es por eso vengo a buscarla.- Le contó Doña Pita.
          -Pues vaya con prisa. Pero tenga cuidado Doña Pita, pocos son los que logran ver a Isatis, pues tienen que librar los peligros de este bosque.- Le dijo Junco preocupado por la abejita.
           -Gracias Junco, tendré mucho cuidado.- Le aclaró Doña Pita.
           -Bueno Doña Pita, sólo le daré 3 consejos. No vuele bajo, no hable con nadie y por último si cae la noche, resguárdese bien y no salga hasta que salga el sol. En este bosque las noches son peligrosas y más para una abejita como usted.- Terminó el árbol.
           -Gracias Junco, te repito que tendré presente todas tus advertencias.- Le dijo Doña Pita.
           -Bueno Dona Pita, que tenga todo el éxito del mundo.
           -¡Muchas gracias!
Al terminar esa frase, Doña Pita comenzó su aventura en busca de Isatis.
Pero, como era de esperarse, Junco le dijo "vuele a la derecha" y Doña Pita en su despiste normal voló hacia la izquierda. Fue en ese momento donde comenzó la gran aventura… y los peligros.


                                                                              Capítulo II
             Doña Pita voló y voló sin detenerse. Ella estaba segura de haber seguido las indicaciones de Junco al pie de la letra. Ella era una abeja muy segura de sí misma.
             La mañana transcurría y Doña Pita seguía su camino segura de volar en la dirección correcta. Al poco rato le dio hambre y se detuvo en unas rocas a comer un poco de los panecillos de miel que había llevado. De repente notó que un insecto que pasaba cerca de ella le habló., Pero haciendo caso a lo que Junco le había dicho, Doña Pita no le hablaría a nadie.
Terminó de comer un poco de pan y continúo su vuelo. Después de volar un rato comenzó a escuchar el sonido que hace el agua al caer. Doña Pita sintió un gran alivio, pensó que se encontraba cerca del río al que su amigo Junco se había referido.
Comenzó a volar despacio. Pero cuál fue su sorpresa cuando las piedras no eran plateadas sino del color normal, color piedra. Doña Pita lo primero que pensó, era que Junco le había mentido, que el árbol no le había dado la dirección correcta.
Doña Pita estaba muy molesta y de pronto comenzó a escuchar una voz que le llamaba a lo lejos.
            -¡Ven, ven!
            Doña Pita comenzó a buscar por todos lados, pero no lograba ver nada. La voz continuaba llamándola y notó que el llamado venía de debajo de ella, así que decidió bajar el vuelo para buscar al que le hablaba, el cual tenía voz de hombre.
Mientras más bajaba, más cerca oía la voz. Hasta que de pronto sintió como si unos proyectiles le rozaran las alitas. Doña Pita voló lo más rápido que pudo, hasta que tras una roca del río se escondió y se percató que lo que ella sentía rosando su cuerpo eran las lenguas de los sapos que querían comerla.
            Así que Doña Pita, tenía que pensar rápido y buscar la forma de salir del problema. No podía levantar el vuelo pues sus alitas estaban agotadas, tenía que ingeniárselas.
           No le quedó más a Doña Pita que esperar a que los sapos olvidaran su presencia. Se quedó inmóvil, quietecita detrás de la roca, así fue como notó lo que decían los sapos.
          -¡Croack, Croack!
           Es sólo que al oíros de lejos, parecían decir "¡Ven, Ven!"
La tarde transcurría y pronto caería la noche. Doña Pita pensaba en su familia "¿Yayis estará bien?", "¿Gabriel habría comido?" "¿Sus abejitas pequeñas, estarán bien?" En fin, pensaba en todos, desde Don Calin, que era el más grande, hasta la más pequeña que era Dania.
           Tenía que pensar rápido, la noche se acercaba y las abejas de noche no vuelan. Se asomaba y veía a los sapos por todos lados. De repente volteó hacia arriba y vio la frondosa rama de un árbol, así que decidió volar a ella, lo más rápido que sus alitas le permitieran. Doña Pita tomó aire, levanto el vuelo sin voltear a ver a los sapos que continuaban con sus cantos de "croack, croack"; llegó a la rama ya cansada de volar todo el día y decidió juntar hojitas para hacer su camita. Comer lo que le quedaba de sus panecillos de miel, y esconderse hasta la salida del sol.
           De pronto, sintió que alguien la miraba y despertó asustada. Se levantó y justo frente a ella vio unos grandes ojos verdes mirándola de forma escalofriante. Doña Pita no quiso ni moverse, pero de repente escuchó que aquellos ojos le hablaban y notó que el dueño de esos enormes ojos verdes, era una lechuza.
          -Buenas noches pequeña abejita, no quise asustarte ni despertarte, pero me causa sorpresa ver una abejita de este lado del bosque. De este lado casi no hay flores.- Le explicó la lechuza -Pero antes que nada, yo soy la lechuza Pluma Blanca.
           -Buenas noches Doña Lechuza Pluma Blanca, yo soy Doña Pita.
           -Pues mucho gusto.- Dijo la lechuza extendiendo su ala para tocar la punta de una de las patitas de la abejita.
           Después de un rato de conversar la lechuza con Doña Pita, no pudo ocultar su curiosidad, y le preguntó a la abejita qué hacía en el bosque y por qué de ese lado.
           A lo que Doña Pita le contó las razones de su visita al bosque encantad, diciéndole lo que Junco le había dicho.
           -Lo que sí es raro- dijo la abejita -es que creo que se equivocó Junco, pues nada de lo que me dijo resultó verdad. Sólo que es un bosque peligroso- terminó Doña Pita.
          -Mh, así que Junco te dio indicaciones… él es un árbol muy sabio, que nunca se equivoca. Esto sí es muy raro- dijo la lechuza.
          -Pues esta vez se equivocó- dijo con toda seguridad la abejita.
          -Sólo hay algo muy extraño- dijo la lechuza -si Junco te dijo vuela hacia la derecha, ¿qué haces del lado izquierdo del bosque? Eso es lo que yo no entiendo amiguita- preguntó la lechuza.
          En ese momento Doña Pita comprendió todo y comenzó a jalar sus antenitas, pensando en voz alta.
          -¡Todo es culpa mía! ¡En todo el mundo soy la única abeja a la que le dicen que vuele a la derecha y vuela a la izquierda, y que cuando le dicen que vuele a la izquierda, se dirige a la derecha! ¡No lo puedo creer!- no paraba de decirlo, mientras lo único que hacía era caminar de un lado al otro.
          -Tranquila Doña Pita, explíquese que no entiendo nada- le dijo la lechuza tratando de que la escuchara para calmarla.
          -Sí. Mire, lo que pasa es que siempre he tenido el problema de que cuando me dicen "derecha", pienso en la izquierda. ¿Ahora lo vez? Todo fue error mío, no de Junco. ¡¿Ahora qué haré?! Isatis está muy lejos de mí y yo no puedo volar de noche. Tendré que esperar al sol y mi familia se preocupará por mi tardanza.- Dijo Doña Pita muy angustiada.
Doña Pita, después de darse cuenta de su error, sentía como si le hubiesen dado un golpe en la cabeza con un matamoscas. Intentó tranquilizarse. Se sentó en una hoja con sus antenitas dobladas hacia atrás, tratando de pensar cómo solucionar todo este embrollo.
           -¡Tengo una idea, Doña Pita! Tú no puedes volar de noche y yo no puedo volar de día. ¿Qué te parece si te subes en mi lomo y yo te acerco al lugar donde se encuentra Isatis? ¡Volamos toda la noche y antes de que amanezca te dejo tan cerca como pueda y me voy a dormir!- Le dijo la lechuza muy entusiasmada.
            En ese momento la cara de Doña Pita se iluminó con una sonrisa y sus antenitas se enderezaron.
           -¿De verdad, Doña Lechuza? ¿Haría eso por mi?- Preguntó la abeja sin poder contener tanta emoción.
           -Con gusto Doña Pita, ahora suba, métase entre mis plumas y sosténgase fuerte- le dijo la lechuza inclinándose para que la abejita subiera sobre ella.
            Doña Pita subió en la lechuza y por primera vez sentía que volaba sobre un almohadón. Durante todo el viaje sólo conversaban y reían. Para la abejita era raro volar sobre alguien más y para la lechuza era raro tener a una abejita sobre su lomo e ir conversando con ella mientras vuela. Pero para las dos era una experiencia que nunca olvidarían.
Así transcurrió la noche y ya casi amanecía, así que la lechuza paró sobre un árbol, le anunció a Doña Pita que ese era el lugar y ya las dos sobre la rama, la lechuza le dio las indicaciones necesarias.
            -Doña Pita, continúe volando en dirección del rio. Pronto verá que las piedras son color plata y se dará cuenta que en los arboles las flores doradas son. Así es como sabrá que está en la parte del bosque donde vive Isatis.
-Muchas gracias Doña lechuza, este fue el viaje más agradable de toda mi vida- le dijo la abeja.
-Para mí también lo fue. Nunca olvidaré a mi gran amiga. Una pequeña abejita- le dijo la lechuza.
         Doña Pita, no era una abeja muy expresiva, pero esa noche no pudo evitarlo, voló hacia la lechuza y le dio un fuerte abrazo. La lechuza abrazó también a la abejita cubriéndola con sus alas. Cuando se separaron, se miraron con un poco de tristeza y volvieron a decirse adiós.
          Después de despedirse la lechuza voló hacia su refugio para dormir todo el día, mientras Doña Pita aprovechó las horas que aún quedaban de obscuridad, juntó hojitas del árbol y se acostó a descansar.
          Unas horas después el sol brillaba con todo su esplendor, Doña Pita continúo su viaje en la trayectoria que la lechuza, su nueva amiga, le había indicado. Primero en dirección del rio y después de unos minutos Doña Pita, comenzó a observar cómo las piedras cambiaban de color y se veían cada vez más plateadas. Esto le causaba una gran alegría a la abejita pues sabía que dentro de poca estaría con Isatis. Estaba segura de que la ayudaría, pues todo lo hacía por el bienestar de su familia "la Familia Flonderola".

                                                                            CAPÍTULO III
           Mientras tanto, en el campo de girasoles, muy temprano doña Wuachi tocaba la puerta del panal Flonderola. Yayis le abrió y le explicó que su mamá se había ido sola un día anterior y que todos estaban muy preocupados por ella.
          -¡Por todos los insectos!, ¡esa Doña Pita es una valiente! Esperemos que esté bien. Quedémonos juntos a esperarla, quizá venga de regreso y ya no deba de estar muy lejos.
           A lo lejos, Doña Pita veía el resplandor de el área del bosque donde se encontraba Isatis y con gran asombro comenzó a ver de repente cómo los racimos de flores de los arboles se veían cada vez más dorados. En ese momento, Doña Pita comenzó a gritar con todas sus fuerzas el nombre de la bruja. Tal y como le había indicado su amigo Junco
Comenzó dando tres gritos, los cuales eran muy fuertes para un pequeño insecto como ella. En el árbol de los panales eran muy conocidos por todos, pues Doña Pita gritaba mucho, todo el día. Si no era a Gabriel era a Yayis o a sus pequeños nietos, pero ya era casi un deporte para ella, era toda una experta y parecía como si fuera premiada por cada grito que salía de su garganta. Pero esa es otra historia, mejor continuemos con el encuentro de Doña Pita e Isatis.
          Mientras Doña Pita continuaba gritando, apenas detrás de ella logró escuchar una dulce voz de mujer.
          -Dime Pita, hace mucho tiempo que te esperaba- le dijo la voz.
          Doña Pita, volteó a buscar a la dueña de tan linda voz, pero el resplandor de la luz no le permitía ver. Tuvo que parpadear varias veces para lograr ver bien la procedencia del sonido.
          Y así fue, frente a ella vio a una hermosa mujer de largo pelo color manzana. La cubría toda un delicado vestido blanco, el cual daba la impresión de volar sobre su cuerpo sin tocarla si quiera. En la frente llevaba un tocado de pequeñas flores de manzanilla, al cual Doña Pita atribuía la deliciosa fragancia que provenía de tan hermosa mujer.
          -Tú debes de ser Isatis. Pero, ¿cómo sabes mi nombre?- preguntó la abejita muy contrariada.
          -Pita, no lo olvides, soy una bruja. Una bruja buena, pero al fin y al cabo bruja; y todo lo se- le dijo Isatis con una cálida sonrisa.
          -¿Eso quiere decir que no tengo la necesidad de contarte todo lo que me sucedió y a quiénes conocí en esta aventura? Y sobre todo, ¿a qué vine al bosque encantado?- termino Doña Pita.
           -No Pita, lo sé todo
           -Y, ¿puedes ayudarme?- preguntó ansiosa Doña Pita.
           -Sí pita, ya tengo lista la poción mágica para la plaga del campo de girasoles. Sólo falta un ingrediente muy importante.
           -¿Qué ingrediente necesitas Isatis?- preguntó Doña Pita muy interesada.
           -Para esta poción, necesito de tu ayuda Pita.
           -Dime, yo con gusto cooperaré, si lo que más quiero es terminar con esa plaga- le contesto Doña Pita.
           -Muy bien Pita, para este hechizo necesito tu deseo más profundo. No tienes que decirlo en voz alta, yo lo conozco, pero necesito que lo repases en tu mente fuertemente. Cierra tus ojos, piénsalo y mándalo a este pequeño botecito usando tu imaginación.- Le dijo Isatis mientras le acercaba un brillante bote de cristal cortado, muy hermoso.
           Doña Pita, cerró los ojos he imaginó que su deseo le salía del corazón directo al botecito de cristal que sostenía Isatis.
En realidad, del cuerpo de Doña Pita salió una pequeña esfera rosa directo al bote, pero la abejita no lo pudo ver. Ese era su deseo más profundo y el que más le importaba.
           Cuando la abejita abrió los ojos, Isatis la miraba con profundo amor mientras le entregaba el pequeño recipiente y le daba una última indicación muy importante.
           -Pita, al amanecer rocía el contenido de este botecito sobre el campo de girasoles. Sólo tú lo puede rociar pues tú eres la que regaló su deseo. Con nadie más funcionará. ¿Está bien?
           -Sí Isatis, sólo yo lo usaré.
           -Bien Pita, vete ahora que aún es temprano y si te apuras al caer la noche estarás en casa.
           -Pero por favor Isatis, no me digas nada de izquierdas o derechas- dijo la abejita con media sonrisita en la cara.
          -Tranquila pita, se que eres la única abejita con corto circuito en las antenas, no te preocupes.- Le dijo Isatis mientras le sonreía.
           Dicho eso, la condujo hacía una pequeña vereda marcada por flores de colar morado, pero un morado demasiado fuerte.
          -Mira Pita, esa vereda de flores te indicará la dirección en la cual debes volar. Volarás hacía el punto del bosque en el que nos encontramos y este sendero de flores acortará el camino y te sacará rápido del bosque. Directo al campo de girasoles. Pero no lo olvides, vuela sobre las flores Pita.
           -Gracias por todo Isatis, nunca olvidaré esta aventura.- Le dijo muy satisfecha la abejita.
           -Gracias a ti Pita, sin tu confianza y sin tu deseo, no hubiese podido hacer la poción.- Le contestó Isatis, mientras se estiraba para colgarle al cuello el frasquito con la poción atado con un cabello.
           Así Doña Pita comenzaba su viaje de regreso rumbo a casa.
           Voló llena de ilusión y alegre, pues estaría en su hogar con su gente. Además de que tenía en sus manos la solución a los problemas de su amado campo de girasoles y la de todos los abejorros del lugar. Se moría de ansias por estar en casa, esperar el amanecer, rociar la poción mágica en los girasoles y que ya todo regresara a la normalidad. Que fuera una vez más ese hermoso campo de flores amarillas que ella recordaba y guardaba en su corazón.
           Doña Pita voló y voló y de pronto, a lo lejos el camino de flores terminaba, indicándole que el bosque encantado por fin llegaba a su fin y que muy pronto estaría volando sobre su campo. Continúo en la misma dirección. Ya tenía horas de vuelo pero su alegría y perseverancia no la dejaban descansar.
           Así fue como Doña Pita siguió. La tarde comenzaba a caer justo cuando pensaba que no llegaría a causa del cansancio y de las gotas de sudor que caían de su frente. A lo lejos vio el campo y el árbol de los panales. Sacó fuerzas y por fin llego. Gritaba de alegría. Todos los panales prendieron sus luces, salían a ver qué tenía a Doña Pita tan eufórica.
           Los Flonderola salieron, todos menos Yayis, que desde la puerta del panal gritaba de felicidad. Los demás volaban alrededor de la abejita Pita y Doña Wuachi saltaba de felicidad.
           Doña Pita les contó todo lo ocurrido, parte por parte, junto a todas las abejas. Les contó que la bruja azul le preparó una poción mágica, la cual a primera hora de la mañana, rociaría sobre el campo. De esa forma la plaga moriría y los girasoles renacerían.
           -¡Los invito a ustedes y a todos los insectos que vivimos de este bello campo de girasoles!- Gritó Doña Pita entusiasmada para todos los que la escuchaban; para todos los que vivían en el campo de los girasoles.
            Ninguna abeja ni insecto cercano al árbol durmió esa noche. La salida del sol estaba por llegar y todos estaban listos. Pero había alguien que estaba más que listísima; Doña Pita ya estaba preparada para comenzar a expandir la poción.
            Estaba exhausta, muy cansada. Pero sólo con ver las caras de felicidad de todos y las expresiones de orgullo y amor de su familia, tomó fuerzas desde muy adentro de su corazón
           Los primeros rayos de sol comenzaban a bañar el campo. Doña Pita ya volando sobre él, se dispuso a abrir el frasquito.   Dejó salir un polvo rosa que al caer sobre los girasoles ya muertos por la plaga, florecían de manera increíble. De pronto todo el campo volvía a verse de color verde, amarillo y naranja.
           Todos los presentes gritaban y se abrazaban. La felicidad que reinaba en ese momento pululaba en el aire como el aroma de las flores que recién volvían a la vida.
            Doña Pita, al ver lo que había logrado, no pudo evitarlo y de sus ojitos brotaron dos lagrimitas de felicidad.
            Don Calin, abrazaba y besaba a Doña Pita preguntándole cuál había sido el deseo más profundo que había elegido para la pócima.
           -¿Tantos años juntos y no conoces mis deseos?- Le dijo la abejita.
           -Sí, pero prefiero que tú me digas cuál de ellos escogiste.
           -El deseo que preferí para guardar en este frasquito de cristal, fue que yo pudiera ver a toda mi familia feliz. Que todos los Flonderola vivieran llenos de alegría por siempre.- Contestó.
            Y así fue como terminó la aventura de Doña Pita. Mientras ella abrazaba y besaba a su familia.

           A pesar de ser una abejita poco expresiva… ese día su corazón habló por ella, dejando que saliera gran parte de su cariño.
           -¡Arriba la familia Flonderola!- Gritaba Doña Pita.

                                                                                                                                         Seudónimo: Yayis